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[Un discurso ante una delegación visitante de
Parlamentarios Europeos en Jerusalén, 12 de Diciembre de 2004]
Arnold Roth
El mundo está dividido en
dos campos. De un lado están aquellas personas que ven el terrorismo
como una alerta de peligro por delante. Si no se hace algo, dicen ellos,
puede suceder una catástrofe. Del otro lado están esas personas cuyas
vidas se han volteado de arriba a abajo, para nunca ser otra vez las
mismas, porque el terrorismo las ha golpeado, ha caído sobre ellas, ha
traído catástrofe a ellas.
Quiero tomar unos pocos
minutos mirando las diferencias entre estos dos campos, y sugerir
algunas razones por las que a cada campo le parece tan difícil entender
el otro.
¿Con qué derecho hablo
yo? Soy una persona profesional, un hombre que está en sus cincuenta,
educado, informado, con calificaciones respetables. Aún así, no tengo
ninguna posición académica y ningún oficio público. No albergo
absolutamente ninguna ambición política y no tomo parte en el debate
público. De las diferentes maneras que hay para definirme, la que yo
prefiero –la que mejor representa lo que soy y lo que hago– es que yo
soy un esposo y un padre.
Llevé mi familia a Israel
en 1988 no porque Australia fuera un lugar miserable y no porque mi
esposa y yo no pudiéramos ganar para vivir. La verdad es todo lo
contrario. Vinimos a Israel a pesar de la comodidad y la vida placentera
en Melbourne. Allí, ganábamos para vivir bien, vivíamos en una casa
hermosa, teníamos amigos, nos sentíamos seguros y estábamos seguros. Nos
trasladamos a Israel para levantar nuestros hijos aquí porque este es el
hogar histórico del pueblo Judío, el lugar correcto para que los Judíos
estén. Nuestros padres y abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, soñaron con
hacer esto pero no pudieron. Nosotros pudimos, y por consiguiente lo
hicimos.
Cada
cosa en nuestras vidas cambió para siempre cuando Malki, nuestra hija
del medio, una preciosa niña de quince años con una sonrisa constante en
su bello rostro, fue asesinada el 9 de Agosto del 2001. Malki murió como
más de otros mil Israelitas en los últimos cuatro años –inocente y sin
preparación. Ella no fue cogida en el fuego cruzado de alguna batalla.
Ella no era una espectadora. Ella fue asesinada con otros catorce
Israelitas en un restaurante al medio día, en medio de esta ciudad. Las
mujeres y los niños que estaban en ese restaurante pizzería en una
cálida tarde de vacaciones escolares, eran el blanco real. Los
terroristas que planearon la masacre recibieron órdenes de un pediatra y
de un ministro de religión en silla de ruedas. Ellos escogieron su
blanco con especial cuidado. El bombardero era el hijo de una prestante
familia dueña de tierras. Los otros miembros de la pandilla eran
principalmente educados en universidad y muy viajados. Llamarlos
‘desesperados’, como muchos periodistas lo han hecho, es desviar
completamente el significado de la palabra ‘desesperado’.
El día en que el gozo de
la vida se volvió cenizas para mi familia y para mi, los hombres y las
mujeres en las villas cercanas a donde estamos sentados en este momento,
bailaban en las calles y repartían dulces a sus niños. Tenemos las
fotografías.
Hace un momento dije que
yo no tomo parte en debates públicos, pero esto ya no es cierto. El
asesinato de mi hija y la confusión e ignorancia que hemos visto
alrededor de nosotros, nos han impuesto a mi esposa y a mí a alzar
nuestra voz y a hablar y a escribir en cada oportunidad. Nosotros
solíamos ser la gente más reservada. Ahora sentimos una urgente
necesidad de hablar alto. Tratamos de dar forma a ideas abstractas para
la gente para que ellos puedan entenderlas. Tratamos de darle expresión
a la agonía y a la miseria de las familias desesperadas que están
alrededor de nosotros –las familias Israelitas, desesperadas... por paz.
Si, como yo, ustedes
están listos para sentarse y para escuchar a las familias Israelitas que
han experimentado el asesinato en manos de los bárbaros, yo puedo
contarles a ustedes lo que van a escuchar. Como casi todos los
Israelitas que yo he conocido, las familias víctimas del terror quieren
ver a los Árabes Palestinos vivir vidas productivas, viajar con
seguridad, obtener una buena educación para sus hijos, hacer dinero,
recibir buen servicio médico. La miserable realidad de sus vidas diarias
está lejos de lo que nosotros les deseamos –y esto no trae absolutamente
nada de felicidad o de comodidad a nuestro lado. Todo lo contrario. La
lucha entre ellos y nosotros la cual es simétrica en muchos aspectos,
también es asimétrica en este punto. Si tan solo ellos se sintieran
protectores de sus logros, si tan solo ellos sintieran que tienen algo
que perder, si tan solo pudieran experimentar el orgullo de un Árabe
Palestino ganador de un Premio Nóbel de física o de literatura...
Cuarenta años de un
régimen corrupto e incompetente ha asegurado que no haya casi nada de
valor que ellos puedan perder.
En cambio, nosotros los
Israelitas hoy estamos obligados a hacer frente al legado del día a día
real del régimen de Arafat y sus líderes cleptocráticos: las docenas de
hombres torcidos que han crecido con opulencia sobre la espalda de la
miseria de su gente; los maestros de religión que se han apoderado una
noble fe y la han convertido en una parodia trágica; los niños y niñas
adolescentes levantados sobre la base de una dieta de odio racista y de
la glorificación de la violencia y la auto-destrucción.
En 1977 el gran analista
político Walter Laqueur escribió esto: “Las disputas sobre una
definición detallada y comprensiva de terrorismo continuarán por mucho
tiempo; ellas no darán como resultado un consenso y no harán una
contribución notable hacia el entendimiento del terrorismo.”
Él tenía toda la razón.
Las Naciones Unidas a través de sus muchas agencias todavía no han
encontrado la forma de ponerse de acuerdo en una definición de terror.
Pero el terrorismo, como la pornografía con la que éste comparte algunas
características, es difícil de definir pero no tan difícil de reconocer
cuando tú lo conoces.
El odio y el barbarismo
de los terroristas no son un componente del esfuerzo político entre
Israelíes y Árabes. Ellos son políticos externos, más allá de ese
esfuerzo y grandemente desconectados de él. El terrorismo es
absolutamente malo. Si la fuerza necesaria y suficiente no lo para, ni
se evaporará ni se desmoronará. Crecerá, y cambiará de forma, y se
expandirá y se difundirá. No puede apaciguarse y no debe comprenderse.
Sufrimos de un exceso de comprensión, cuyo precio es vidas humanas. Una
fuerza que deliberadamente puede tomar como objetivo la cabeza de un
niño y disparar, una fuerza que puede plantar una bomba en un
restaurante pizzería, o en una estación de tren, o en un avión de
pasajeros o en un jardín infantil, es una fuerza del infierno.
Yo fui criado por padres
que sabían acerca del Infierno. Mi padre, quien murió antes de que Malki
naciera, creció en el campo de muerte de Auschwitz. Mi madre hoy vive en
tranquilo retiro en Australia, pero ella también estuvo allá. Un mes
después de su cumpleaños número quince, la pequeña población Polaca de
mi madre fue infestada por fuerzas Nazis y el padre de ella, mi abuelo,
fue arrestado por el usual crimen de ser Judío. Antes de que se lo
llevaran a él, mi madre se tiró a los pies de un soldado Alemán y clamó
misericordia. De alguna manera, esto funcionó; su padre fue liberado y
la familia permaneció junta por varios meses más. Mis abuelos, así como
los abuelos de todos los amigos con los que crecí, eventualmente fueron
asesinados. Mis padres, así como todos los refugiados Judíos que
vinieron a Australia después de la segunda guerra mundial, llegaron sin
nada –sin padres, sin propiedad, sin educación. Pero ellos trajeron
consigo un poderoso sentido de historia – de su propia historia, y de la
historia del pueblo Judío. Ellos establecieron escuelas, sinagogas,
agencias de bienestar social, clubes deportivos. Crearon una nueva vida.
Encontraron dentro de ellos mismos, recursos de amor y preocupación y
apoyo mutuos.
Aunque el perfil de sus
vidas fue marcado por su experiencia como supervivientes del Holocausto,
el odio fue desconocido en la vida que ellos hicieron para mí y para mi
generación. Ellos simplemente no tuvieron tiempo para odiar –estaban
ocupados construyendo un futuro para ellos mismos, para sus hijos y para
su comunidad. Este éxito, creo yo, fue su revancha contra los Nazis.
Yo mencioné la
experiencia de mi madre cuando ella tenía quince años. En 1967, yo tenía
quince años. Recuerdo ver a mis padres y a sus amigos a medida que ellos
crecían profundamente recelosos con Gamal Abdel Nasser y su amenaza
abierta de tirar a todos los Judíos de Israel al mar y destruir el joven
estado Judío. Por primera vez en mi vida, pude ver que había gente lista
para aniquilar a los Judíos. Y pude ver que había otros como U That, el
entonces secretario general de las Naciones Unidas, que debía haber
bloqueado la agresión de Nasser pero que decidió no hacerlo. Arafat ya
estaba en el panorama, a propósito –él se había convertido en la cabeza
de la OLP en 1964 cuando el número de asentamientos Israelitas y de
puntos de inspección del ejército Israelí era, por supuesto, cero. Todo
esto me dio una profunda impresión. Luego, la guerra estalló, una Guerra
de Seis Días como resultó, e Israel se salvó. Para mí, la distancia
entre Jerusalén y Melbourne se hizo muy pequeña desde ese momento en
adelante.
Muchos de nosotros en
este salón somos padres. Sabemos que los quince son una edad temprana. A
los quince, tenemos algunas de nuestras ideas básicas y el perfil
general de nuestra personalidad está en su lugar. Pero aún tenemos mucho
por hacer. Malki, mi hija, nunca llegará a su cumpleaños dieciséis.
Nosotros honramos su memoria mediante un fondo llamado la Fundación
Malki. Como la misma Malki, la fundación da apoyo a familias que están
cuidando en casa de niños severamente inhabilitados. Nuestra fundación
ya ha logrado apoyar cientos de tales familias –Drusas, Cristianas,
Musulmanas, Judías. Así como mi hija, este trabajo no tiene carácter
político. Su objetivo es dar algo de luz, algo de felicidad a las vidas
de gente común y corriente que enfrentan un reto extraordinario.
Hace un año tuve el gran privilegio de hablar al primer
grupo Med Bridge en Jerusalén. Me presenté a los 170 distinguidos
políticos y parlamentarios como alguien que no está para nada
involucrado en el proceso político –de hecho, como alguien que trata de
mantenerse a sí mismo y a su familia tan distante como sea posible de la
política y de los políticos. Por favor disculpen mi franqueza. Yo no
estoy entre aquellos que buscan la verdad entre los políticos, porque
prefiero conseguir mis decepciones en algún otro sitio.
Hablé entonces acerca de
cómo la vida puede lucir muy diferente dependiendo de si tú estás
sentado sobre tu sofá viendo las noticias en televisión, o parado al
otro lado –viviendo las noticias. Los tres años que han pasado desde que
mi hija murió a manos de terroristas, me han enseñado qué tan diferente
son esas dos experiencias –cuán poca información da los medios de
noticias acerca de las víctimas del terrorismo. La frustración, la
soledad, el dolor.
Desde el año en que el
primer grupo Med Bridge vino a Jerusalén, yo he conocido docenas de
periodistas y mi entendimiento de cómo ellos hacen su trabajo se ha
vuelto un poco más profundo y más amplio. Las preguntas que yo tenía
entonces, aún las tengo. Tengo algunas preguntas adicionales. Estoy
confundido por cómo un reportero de un periódico serio o un periodista
de un canal de televisión importante puede llegar al Aeropuerto Ben
Gurion sin saber casi nada acerca de la historia de los lados Israelí y
Árabe en este conflicto terriblemente largo. A mí me han hecho preguntas
en las que para mí es claro que la persona que sostiene el micrófono
casi no tiene la habilidad para entender el contexto de los eventos a
reportar. El contexto es una cosa importante. Sin él, casi nada tiene
sentido.
Hay muchas otras cosas
acerca del trabajo de los periodistas, editores de películas y otros
profesionales del medio que me confunden completamente. De hecho, no era
claro para mí qué tan grandes eran las preguntas que la gente informada
tiene acerca de los medios hasta que yo mismo me encontré siendo parte
de las noticias.
A principios de este año,
tres amigos y yo fuimos a una conferencia en Europa. Esta fue la primera
conferencia de víctimas del terror. Cientos de gente estaban en el salón
cuando llegamos –representando al país anfitrión, otros países Europeos,
los Estados Unidos, Latino América, África del Norte. Unas semanas
antes, los organizadores nos notificaron que los ciudadanos de Israel
podríamos formar parte de esta conferencia siempre y cuando pagáramos la
cuota de admisión y nos sentáramos calladamente en la audiencia. Pero
como Israelitas, no se nos permitiría hablar desde la plataforma, y que
no se daría ningún paso para dar reconocimiento oficial a un contingente
Israelí en la conferencia. En palabras sencillas, el mensaje era “por
favor, no vengan”. Así que por supuesto, nosotros fuimos.
Unos pocos minutos antes
de empezar la conferencia, uno de los funcionarios del gobierno de ese
país, un amigo de Israel, se me aproximó y me preguntó si a mí me
gustaría hablar en el panel de apertura. Aunque yo no estaba preparado,
dije “por supuesto” y ahí fue cuando me enteré que en ese salón estaban,
en ese preciso momento, en la conferencia de víctimas del terror, tres
huéspedes especiales –los embajadores de Siria, Irán y Palestina. Pero
los organizadores no querían una presencia oficial Israelí. La historia
es larga, pero la haré corta. Desde el panel, hablé acerca de la
experiencia personal de víctimas del terror e inmediatamente fue claro
que muchas de las viudas y huérfanos en esa audiencia sabían exactamente
lo que yo estaba describiendo. Cientos de personas hablaron con mis tres
amigos Israelitas y conmigo, todos nosotros llevábamos puestos pequeñas
insignias con la bandera Israelí en nuestra ropa. Al final de la
conferencia, nos encontramos por casualidad con algunos funcionarios del
ministerio de asuntos exteriores del país anfitrión, y en nuestra amable
costumbre Israelí, explicamos lo desconcertante que fue realmente para
nosotros saber que ellos se proponían hacernos sentir personas no gratas
en la conferencia y a pesar de esto, encontramos una tremenda
solidaridad entre los participantes.
La respuesta fue –por
favor vengan a nuestro ministerio de asuntos exteriores mañana y
tendremos una conversación. Así lo hicimos, y en esta forma conocimos a
algunos de los altos funcionarios del ministerio de asuntos exteriores
incluyendo al ministro diputado. Este grupo de dignatarios nos explicó
que mientras hay auténtico terrorismo en Europa, en los Estados Unidos,
en Latino América, nosotros en Israel debemos reconocer que el nuestro
es realmente un conflicto político, y la solución debe ser una solución
política. Uno de mis amigos Israelitas objetó a esto, y expresó algunas
fuertes palabras personales, no muy correctas políticamente, acerca de
la amplia amenaza a Europa del Islam radical. Mi impresión es que sus
comentarios fueron echados a un lado o no se oyeron. Tres semanas más
tarde, la mayoría de las personas con quien nos conocimos en ese
ministerio de asuntos exteriores ya no tenían un trabajo. Madrid, la
capital de España y el anfitrión de nuestra conferencia, descubrió en la
forma más difícil posible, que el terrorismo puede tomar muchas formas.
Yo fui invitado otra vez a una segunda conferencia Española la cual tuvo
lugar en Junio. Esta vez, me pidieron hablar como un Israelí. Muchas
cosas han cambiado para los Españoles desde Marzo 11.
Su misión, como
participantes de MedBridge, como líderes políticos preocupados por crear
un mundo mejor para la gente del Medio Oriente, es complicada –y yo les
deseo el mayor éxito posible. La misión de mi esposa y mía, y de cientos
de otras familias Israelíes, como gente que quiere continuar viviendo
después de que nuestro hijo o esposo o esposa o padre o hermano o
hermana haya sido asesinado por terroristas, también es complicada.
Queremos mirar hacia el futuro, pero solamente podemos hacer esto
mediante la comprensión del presente y el aprendizaje del pasado.
Hay, como estoy seguro
que ustedes ya saben, un sentido bien desarrollado de historia entre
nosotros los israelitas. Nosotros volteamos hacia la historia cuando
queremos entender quiénes somos, a dónde pertenecemos, qué podemos
esperar de otros. Menciono esto, para cerrar, porque queremos compartir
con ustedes el extremo dolor que yo –nosotros– siento cuando leemos
acerca de ciertos desarrollos recientes en la sociedad Europea.
La semana pasada, una
encuesta Alemana de Alemanes nacidos Alemanes, encontró que más de la
mitad cree que no hay diferencia entre el tratamiento actual de Israel
de los Árabes Palestinos y lo que hicieron los Nazis a los Judíos. 68
por ciento de los Alemanes creen que Israel está haciendo es una “guerra
de exterminio” contra los Palestinos. Yo podría dar a ustedes mi teoría
de cómo los medios en Alemania, en Europa y casi en todas partes
contribuyen a la ignorancia de la realidad Israelí. Podría contarles a
ustedes cómo los periodistas crean, y al mismo tiempo son el resultado
de, una ignorancia casi total de lo que fue el Holocausto. Pero si yo
hiciera eso, también tendría que señalarles a ustedes que Alemania
resulta ser uno de los países en Europa en donde ellos si hacen
esfuerzos serios por entender el Holocausto y la verdad del conflicto
Israelí-Palestino. Y todavía ellos no comparten nuestro sentido de que
Israel ha estado peleando una larga guerra defensiva de supervivencia
contra un enemigo que quiere limpiar étnicamente a los Judíos de la
histórica tierra natal de ellos por un siglo.
También la semana pasada,
la BBC publicó una encuesta que mostraba que escasamente una tercera
parte de la gente joven en la Gran Bretaña ha escuchado el nombre de
Auschwitz y no saben qué es, dónde es o qué sucedió allá.
Hace un momento yo hablé
de mis experiencias en España. Un filósofo nacido en España, George
Santayana, quien murió en el año en que yo nací, escribió esto:
“Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a
repetirlo.” Creo que esta frase lleva consigo una gran parte de
sabiduría. Mi hija no pertenece al pasado –al menos, no cuando nos
sentamos juntos alrededor de la mesa del Sabbath y disfrutamos la
compañía del otro en nuestra familia. Sentimos su presencia. Sentimos su
ausencia. Estamos decididos a hacer cualquier cosa que podamos para que
su memoria permanezca, para que ella nunca llegue a ser solo otra
estadística.
Como familia, como
sociedad, estamos en un perpetuo esfuerzo por recordar el pasado, para
mantener una visión de un futuro mejor, y para hacer todo lo que podamos
para que los niños de quince años junto con su bondad y sus sueños
–niños de ambos lados del triste conflicto aquí en esta tierra- puedan
crecer hacia una adultez productiva, libres del curso del odio y del
terror.
Que el trabajo de ustedes
sea bendecido.
Derechos reservados ©
2004 The Malki Foundation (www.kerenmalki.org)
y Arnold Roth.
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Para mayor información
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A modified form of this speech by Arnold
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